jueves, 5 de noviembre de 2015

Sentimientos y Pasiones

Los sentimientos 

 El sentimiento es el resultado de una emoción, a través del cual, la persona que es consciente tiene acceso al estado anímico propio. El cauce por el cual se solventa puede ser físico y/o espiritual. Esta respuesta está mediada por neurotransmisores como la dopamina, la noradrenalina y la serotonina. Forma parte de la dinámica cerebral del ser humano y de los demás animales, que les capacita para reaccionar a los eventos de la vida diaria al drenarse una sustancia producida en el cerebro, al mismo.
La moral nos marca una pauta de cómo reaccionar ante un sentimiento. Es lo que acabará dictándonos qué hacer, si satisfacerlos o inhibirlos, basada en la imagen moral que damos al resto de personas. Cuando decidimos inhibirlos puede ser de forma temporal o radical, pero lo verdaderamente importante es encontrar la vía de solución que nos libere de la carga. 
Es la única manera que nos permitirá actuar responsablemente con los sentimientos, tanto en palabras como en acciones. Esta es una manera de aprender a respetarse a sí mismo y a respetar a otros. 
El sentimiento obedece al campo de lo inconsciente, en caso contrario la reacción ante el estímulo sería la consecuencia lógica: Su satisfacción inmediata. 
No existe otra manera de someter el sentimiento a nuestra voluntad, y aun así, las consecuencias no siempre son como esperábamos, ya que las cognificaciones pertenecen a otro campo distinto: al racional. La interrelación entre lo inconsciente y racionales marcan nuestros actos en el campo físico. Usando adecuadamente las facultades mentales, encontraremos siempre el cauce apropiado que satisfará nuestros sentimientos.



Las pasiones

 Descartes y las Pasiones Para Descartes existen seis pasiones que se destacan y otras no tanto, derivadas de ellas. La admiración, el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza son las pasiones más importantes y el resto se originan en ellas. La admiración llega al alma a partir de una impresión que registra el cerebro, órgano que la tiene en cuenta por su rareza o por lo que tiene de extraordinario. La admiración no se relaciona ni con el corazón ni con la sangre, sólo con el cerebro. La admiración tiene mucha fuerza porque es algo súbito que repercute en los sentidos. Lo novedoso es lo que produce admiración, su fuerza es desde su origen y su característica es la de imprimir una huella en el cerebro en zonas que habitualmente no se estimulan. Esta particularidad produce asombro, es decir que todo el cuerpo queda estupefacto. Las pasiones son las responsables de que los pensamientos permanezcan en el alma y no se borren fácilmente, de modo que no son útiles. 
 La admiración sin embargo tiene utilidad en el sentido que gracias a ella se puede aprender. Se puede observar que los que no se asombran por nada, por ser poco inteligentes, son también poco propensos para aprender, y los hombres de espíritu superior tampoco se sienten inclinados a admirarse o sorprenderse, por su suficiencia. Son siempre los que no creen saberlo todo, los que tienen todavía capacidad de asombro. La admiración no tiene que ser ni mucha ni poca, sino lo suficiente porque puede anular el uso de la razón.

El amor proviene del alma movida por los espíritus a unirse con los objetos que le convienen y el odio es la emoción que lleva al alma a querer separarse de los objetos. Existen dos clases de amor, el benevolente, que es el que lleva a la voluntad a querer el bien para una persona y el amor de concupiscencia que es amor que hace desear lo que se ama; o sea, el que se tiene por las cosas buenas y el que se tiene por las cosas bellas y esta clasificación vale también para el odio, porque se odia lo malo y las cosas feas . El deseo es una agitación del alma producida por los espíritus, de manera que no solo se desea lo ausente sino que se desea también conservarlo.
 El deseo que tiende al bien va acompañado de amor, de esperanza y alegría mientras el deseo que tiende al mal va acompañado de odio, temor y tristeza. La alegría es la emoción de gozo por el bien de las impresiones que se producen en el cerebro. 
 La tristeza es la incomodidad del alma producida por el mal que registra el cerebro. La alegría es la creencia de poseer un bien y la tristeza es la creencia de tener un mal o un defecto. Cuando uno es saludable y el tiempo se mantiene sereno se sienten las impresiones que se producen en el cerebro como una alegría interior y la tristeza es el sentimiento contrario.
Las pasiones producen alteraciones en los órganos del cuerpo. Cuando el amor no va acompañado de alegría esperanza o tristeza fuertes, el latido del pulso es igual y mucho más fuerte que habitualmente y la digestión de los alimentos es más rápida, de modo que esta pasión es útil para la salud. El odio al contrario, produce un pulso desigual, más débil y más rápido, se pueden sentir escalofríos y el estómago se vuelve disfuncional. 
 El deseo es la pasión que agita el corazón con más violencia, provocando que los espíritus pasen a los músculos, se agudicen los sentidos y provea de mayor movilidad a todas las partes del cuerpo.





Bibliografía 
Eduardo Punset (12/2006). El alma está en el cerebro. Radiografía de la máquina de pensar (Tercera edición). ISBN 84-03-09737-9. Jonathan Haidt. La hipótesis de la felicidad. La búsqueda de verdades modernas en la sabiduría antigua. E. D. Gedisa. ISBN 84-9784-152-2. Eduardo Punset (02/2006). El viaje a la felicidad. Las nuevas claves científicas (Octava edición). E. D. Destino. ISBN 84-233-3777-4. 

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