jueves, 12 de noviembre de 2015

Conclusión



El presente blog estuvo orientado a analizar e interpretar una serie de conceptos de ética personal y profesional y sus implicaciones. Vivimos en una sociedad donde se echan a un lado los valores y la integridad, por ello es indispensable que cada uno de los seres humanos practiquemos los valores que se han adquirido a lo largo de la vida, para ponerlo en práctica en un momento determinado.

La ética es el comportamiento y el modo de ser de las personas, la moral se refiere a los actos humanos, la ética moral de una persona esta basada desde sus principios, algunas personas actúan por instinto o racionalidad y otras son influenciadas pero no debemos permitir ser influenciados pues cada quien es libre de actuar a su manera pero esa libertad no debe afectar a otros. Mi libertad termina donde comienza la del otro.
La conciencia moral es vital para poder tener una buena convivencia en la sociedad y uno de los valores mas importantes es el respeto hacia los demás.


¿Para que sirve realmente la ética?
Ninguna sociedad puede funcionar si sus miembros no mantiene una actitud ética. Ningún país puede salir de la crisis si las conductas inmorales de sus ciudadanos y políticos siguen proliferando con todo impunidad, ahora mas que nunca necesitamos la ética.

Racionalidad ética y científica

El sentido del trabajo profecional

Virtudes Humanas

Las virtudes humanas son los hábitos operativos buenos que giran alrededor de las cuatro virtudes cardinales. Vamos a explicar con brevedad el concepto de cada virtud.


  • HUMILDAD: Reconocer sus propias insuficiencias, sus cualidades y capacidades y aprovecharlas para obrar el bien, sin llamar la atención ni requerir el aplauso ajeno. 
  • LABORIOSIDAD: Cumplir diligentemente las actividades necesarias para alcanzar progresivamente su propia madurez natural y sobrenatural. Ayudar a los demás a hacer lo mismo, en el trabajo y en el cumplimiento de los demás deberes. 
  • PATRIOTISMO: Reconocer lo que la patria le ha dado y le da. Tributarle el honor y servicio debidos, reforzando y defendiendo el conjunto de valores que representa, teniendo a su vez por suyos, los afanes nobles de todos los países. 
  • SINCERIDAD: Manifestar, si es conveniente, a la persona idónea y en el momento adecuado, lo que ha hecho, lo que ha visto, lo que piensa, lo que siente, etc., con claridad y respeto a su situación personal o a la de los demás.
  • AMISTAD: Llegar a tener con algunas personas que ya conoce previamente por intereses comunes, de tipo profesional o de tiempo libre, diversos contactos periódicos personales, a causa de una simpatía mutua, interesándose ambos, por la persona del otro y por su mejora.
  • RESPETO: Actuar o dejar de actuar, procurando no perjudicar ni dejar de beneficiarse a sí mismo ni a los demás, de acuerdo con sus derechos, con su condición y con sus circunstancias.
  • PUDOR: Reconocer el valor de su intimidad y respetar la de los demás. Mantener su intimidad a cubierta de extraños, rechazando lo que puede dañarla y descubrirla únicamente en circunstancias que sirvan para la mejora propia o ajena. 
  • RESPONSABILIDAD: Asumir las consecuencias de sus actos intencionados, resultado de las decisiones que tome o acepte; de tal modo que los demás queden beneficiados lo más posible o , por lo menos, no perjudicados, preocupándose a la vez de que las otras personas en quienes puede influir hagan lo mismo. 
  • PERSEVERANCIA: Una vez tomada una decisión, llevar a cabo las actividades necesarias para alcanzar lo decidido, aunque surjan dificultades internas o externas o pese a que disminuya la motivación personal a través del tiempo transcurrido. 
  • AUDACIA: Emprender y realizar distintas acciones que parecen poco prudentes, convencido, a partir de la consideración serena de la realidad, con sus posibilidades y con sus riesgos, de que pueda alcanzar un auténtico bien. 
  • COMPRENSIÓN: Reconocer los distintos factores que influyen en los sentimientos o en el comportamiento de una persona, y profundiza en el significado de cada factor y en su interrelación, ayudando a los demás a hacer lo mismo, y adecua su actuación a esa realidad. 
  • FLEXIBILIDAD: Adaptar el comportamiento con agilidad, a las circunstancias de cada persona o situación, sin abandonar por ello los criterios de actuación personal. 
  • FORTALEZA: En situaciones ambientales perjudiciales a una mejora personal, es resistir las influencias nocivas, soportar las molestias y entregarse con valentía, en caso de poder influir positivamente para vencer las dificultades y para acometer empresas grandes. 
  • GENEROSIDAD: Actuar a favor de otras personas desinteresadamente y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para esas personas, aunque les cueste un esfuerzo. 
  • JUSTICIA: Esforzarse continuamente para dar a los demás lo que les es debido, de acuerdo con el cumplimiento de sus deberes y de acuerdo con sus derechos como personas (a la vida, a los bienes culturales y morales, a los bienes materiales), como padres, como ciudadanos, como profesionistas, etc. Y a la vez, intenta que los demás hagan lo mismo. 
  • LEALTAD: Aceptar los vínculos implícitos en su adhesión a otros (amigos, jefes familiares, patria, instituciones, etc.), de tal modo que refuerza y protege, a lo largo del tiempo, el conjunto de valores que representan. 
  • OBEDIENCIA: Aceptar, asumiendo como decisiones propias, las de quien tiene y ejerce la autoridad, con tal de que no se opongan a la justicia, y realizar con prontitud lo decidido, actuando con empeño para interpretar fielmente la voluntad del que manda. 
  • OPTIMISMO: Confiar razonablemente en sus propias posibilidades, y en la ayuda que le pueden prestar los demás y confiar en las posibilidades de los demás, de tal modo que en cualquier situación, distinga en primer lugar, lo que es positivo en sí y las posibilidades de mejora que existen y, a continuación, las dificultades que se oponen a esa mejora, y los obstáculos, aprovechando lo que se puede y afrontando lo demás con deportividad y alegría. 
  • ORDEN: Comportarse de acuerdo con unas normas lógicas, necesarias para el logro de algún objetivo deseado y previsto, en la organización de las cosas, en la distribución del tiempo y en la realización de las actividades, con iniciativa propia sin que sea necesario recordárselo. 
  • PACIENCIA: Una vez conocida o presentida una dificultad a superar o algún bien deseado que tarda en llegar, soportarlas molestias presentes con serenidad. 
  • PRUDENCIA: En su trabajo y en las relaciones con los demás, recoger información que enjuicia de acuerdo con criterios rectos y verdaderos, ponderar las consecuencias favorables y desfavorables para él y para los demás, antes de tomar una decisión, y luego actuar o deja de actuar de acuerdo con lo decidido. 
  • SENCILLEZ: Cuidar de que su comportamiento habitual en el hablar, en el vestir, en el actuar, esté en concordancia con sus intenciones íntimas, de tal modo que los demás puedan conocerle claramente, tal como es. 
  •  SOBRIEDAD: Distinguir entre lo que es razonable y lo que es inmoderado y utilizar razonablemente sus cinco sentidos, su dinero, esfuerzo, etc., de acuerdo con criterios rectos y verdaderos. 
  • SOCIABILIDAD: Aprovechar y crear los cauces adecuados para relacionarse con distintas personas y grupos, consiguiendo comunicarse con ellas a partir del interés y preocupación que muestra por lo que son, por lo que dicen, por lo que hacen, por lo que piensan y por lo que sienten.

Virtudes Teologales

 Fe, Esperanza y Caridad

jueves, 5 de noviembre de 2015

Ensayo sobre la moralidad del acto humano


LA SEXUALIDAD HUMANA Y SU NORMATIVA
TRASMISIÓN DE LA VIDA
INTRODUCCIÓN:
El tema de la sexualidad desde el punto de vista etico es el más delicado de los comportamientos humanos. Exige cualidades de inteligencia,equilibrio, desprendimiento interior y generosidad, no se trata de una simple necesidad. La educación sexual es algo muy importante, pero quien haga de educador no debe tener represiones sexuales en su subconsciente, ni miedos, ni complejos, porque de este modo la imagen de la sexualidad trasmitida será errónea y llena de tabúes. La sexualidad bien comprendida es sencilla, porque procede de una persona natural y liberada de sus problemas internos. Debe estar compuesta de altruismo y respeto. No existe verdadera sexualidad con miedo interno, la sexualidad es una donación de sí mismo. Para llegar a ella es necesario que el individuo este completo en su ser y que la sexualidad no sea una maniobra destinada a compensar sus debilidades y sus miedos. Debemos tener en cuenta que sexualidad y genitalidad no es lo mismo, es la sexualidad la abarca la diferencia de los sexos.
Existen muchos puntos de vista de la sexualidad, así como componentes que abarcaremos en este ensayo como lo es la dimensión antropológica de la sexualidad, sexualidad y vida humana en este caso Aristóteles pone la plenitud humana en la vida de la inteligencia. Además abarcaremos conceptos como la unicidad del hombre, la dimensión psicológica de la sexualidad.
Del acto sexual surge la transmisión de la vida, es el fin natural de la unión sexual, la trasmisión de la vida y la especie humana.

SEXUALIDAD
¿Qué es?La sexualidad es parte de nuestra esencia humana es la expresión más compleja de la individualidad del hombre y la mujer, está presente desde el momento de la concepción.
Sexualidad y vida humana
Es una fortuna saber que la sexualidad va másallá de tener relaciones sexuales o comportamientos de tipo sexual, porque, de lo contrario estaríamos excluyendo de toda connotación sexual a quienes se dedican a actividades religiosas o, por decisión, abandonan la vida sexual.
Para Aristóteles la sexualidad tiene un fin natural e indispensable: la propagación de la especie, pero de una especie humana, que es racional.
Si existe un descontrol sexual será juzgado éticamente como negativo, es por eso que se llega a una profunda visión antropológica del pudor y la vergüenza.
Masculinidad y feminidad
Para poder hablar de masculinidad y feminidad, tenemos que hablar primero de la sexualidad. Como vimos anteriormente sexualidad no se refiere exclusivamente a relaciones genitales, sino es como nos definimos personalmente en relación a nuestro rol como hombre o como mujer. De aquí que se deriva que lo unisex es un fraude psicológico a la verdadera sexualidad; y no puede serlo biológicamente porque la naturaleza opone aquí barreras infranqueables.
Sexualidad y personalidad
La sexualidad es un elemento de la cultura susceptible ligado a la personalidad, no solamente en sus aspectos reproductivos y placenteros, sino en la identidad de género como autoconciencia del sujeto y sentimiento de pertenencia a uno u otro sexo. Nacemos seres sexuados con una identidad de géneroespecífica. El fenómeno de identidad de sí mismo(a) se inicia desde etapas muy tempranas en la vida, como un proceso dinámico y didáctico, resultado en sus primeras etapas del autoconocimiento por exploración y posteriormente de una interrelación con el medio social, de la confrontación con los demás.
Esta búsqueda de identidad personal que es en realidad un sentido de la identidad humana, comprende la búsqueda de una serie compleja de identidad, dentro de las cuales es tal vez la identidad sexual. La mayor repercusión en el proceso de toma de conciencia de la persona como tal y la que causa un efecto más determinante en el desarrollo de la personalidad.
LA TRANSMISIÓN DE LA VIDA HUMANA
La trasmisión de la vida humana presupone, conlleva y realiza un conjunto de valores que afectan a lo más nuclear de la persona. Trasmitir la vida humana no es una acción técnica, sino una obra de humanidad. Podemos decir que entran en juego las dimensiones más profundas del hombre. Es la ética de humanización la que debe dar los criterios exactos para valorar las intervenciones humanas especiales en el proceso de transmisión de la vida.
El carácter sacro de la vida humana se manifiesta también en su transmisión. Para la aparición de nuevos seres humanos Dios ha contado con la cooperación del hombre y la mujer, que pueden usar bien o mal la facultad de engendrar que han recibido.
Si la vida  se transmite con el  acto sexual, ha de decirse que el fin natural que el fin natural de la unión sexual es la procreación. Y de aquí se deriva, de una forma también inmediata, que el matrimonio es una institución natural; es la unión permanente de un hombre con una mujer para la procreación y para esa continuación de la procreación que es la educación de la prole.

Problemas éticos que se plantean en la trasmisión de la vida
  • Poner el acto sexual, pero excluyendo la procreación: esterilización y anticoncepción.}
  • Actuar directamente contra la vida ya trasmitida: aborto
  • Trasmitir la vida de forma no natural: inseminación artificial y fecundación en vitro.
Juicio ético
Hoy se intenta justificar los medios anticonceptivos por razones demográficas, por razones económico-sociales o por razones médicas (peligro de un nuevo embarazo para la salud física psíquica de la madre). Ante esto la iglesia responde: cualquier actuación por los medios que sean encaminadas a impedir el resultado normal y probable del acto sexual (la fecundación) es antinatural, pues supone un desorden y un abuso, por parte del hombre, del dominio que tiene sobre su cuerpo. Y si es abortivo, se produce un crimen. No podemos reducir el hombre a animal que disfruta. Los anticonceptivos son rechazables por sí mismos, puesto que se utilizan como fin o como medio para hacer imposible la procreación. Violentan y alteran el orden natural querido por Dios impreso en la naturaleza humana y presente en el ejercicio de la sexualidad rectamente entendida.
CONCLUSIÓN
La sexualidad me permite amar con el cuerpo, en la necesidad de valorar el lenguaje no-verbal, nuestra capacidad de comunicarnos y amar con el cuerpo -es una de las grandes finalidades de la sexualidad- (es a través de él que interactuamos con el entorno), razón por la  cual hay que tratar de darle a cada gesto el valor que realmente tiene procurando en ello la  mayor sinceridad, integridad y autenticidad posible.

También  es necesario desarrollar nuestra sexualidad de forma realizan te, constructiva, que pueda conducirnos en la vivencia de la felicidad (perspectiva que jamás hemos de olvidar y siempre tener en cuenta).
En el  tema de la sexualidad hay que insistir especialmente en la llamada a “transmitir la vida” desde la libertad y desde y para el amor.
¿CÓMO REALIZAR ESTO?
Tomando conciencia de nuestra responsabilidad, potencialidades, libertades y dignidad humana que debe ser respetada y reconocida en todo ser humano, de manera que al desarrollarlas no sólo preservemos nuestros derechos sino también los del “otro” en toda su integridad.
BIBLIOGRAFIA

Sentimientos y Pasiones

Los sentimientos 

 El sentimiento es el resultado de una emoción, a través del cual, la persona que es consciente tiene acceso al estado anímico propio. El cauce por el cual se solventa puede ser físico y/o espiritual. Esta respuesta está mediada por neurotransmisores como la dopamina, la noradrenalina y la serotonina. Forma parte de la dinámica cerebral del ser humano y de los demás animales, que les capacita para reaccionar a los eventos de la vida diaria al drenarse una sustancia producida en el cerebro, al mismo.
La moral nos marca una pauta de cómo reaccionar ante un sentimiento. Es lo que acabará dictándonos qué hacer, si satisfacerlos o inhibirlos, basada en la imagen moral que damos al resto de personas. Cuando decidimos inhibirlos puede ser de forma temporal o radical, pero lo verdaderamente importante es encontrar la vía de solución que nos libere de la carga. 
Es la única manera que nos permitirá actuar responsablemente con los sentimientos, tanto en palabras como en acciones. Esta es una manera de aprender a respetarse a sí mismo y a respetar a otros. 
El sentimiento obedece al campo de lo inconsciente, en caso contrario la reacción ante el estímulo sería la consecuencia lógica: Su satisfacción inmediata. 
No existe otra manera de someter el sentimiento a nuestra voluntad, y aun así, las consecuencias no siempre son como esperábamos, ya que las cognificaciones pertenecen a otro campo distinto: al racional. La interrelación entre lo inconsciente y racionales marcan nuestros actos en el campo físico. Usando adecuadamente las facultades mentales, encontraremos siempre el cauce apropiado que satisfará nuestros sentimientos.



Las pasiones

 Descartes y las Pasiones Para Descartes existen seis pasiones que se destacan y otras no tanto, derivadas de ellas. La admiración, el amor, el odio, el deseo, la alegría y la tristeza son las pasiones más importantes y el resto se originan en ellas. La admiración llega al alma a partir de una impresión que registra el cerebro, órgano que la tiene en cuenta por su rareza o por lo que tiene de extraordinario. La admiración no se relaciona ni con el corazón ni con la sangre, sólo con el cerebro. La admiración tiene mucha fuerza porque es algo súbito que repercute en los sentidos. Lo novedoso es lo que produce admiración, su fuerza es desde su origen y su característica es la de imprimir una huella en el cerebro en zonas que habitualmente no se estimulan. Esta particularidad produce asombro, es decir que todo el cuerpo queda estupefacto. Las pasiones son las responsables de que los pensamientos permanezcan en el alma y no se borren fácilmente, de modo que no son útiles. 
 La admiración sin embargo tiene utilidad en el sentido que gracias a ella se puede aprender. Se puede observar que los que no se asombran por nada, por ser poco inteligentes, son también poco propensos para aprender, y los hombres de espíritu superior tampoco se sienten inclinados a admirarse o sorprenderse, por su suficiencia. Son siempre los que no creen saberlo todo, los que tienen todavía capacidad de asombro. La admiración no tiene que ser ni mucha ni poca, sino lo suficiente porque puede anular el uso de la razón.

El amor proviene del alma movida por los espíritus a unirse con los objetos que le convienen y el odio es la emoción que lleva al alma a querer separarse de los objetos. Existen dos clases de amor, el benevolente, que es el que lleva a la voluntad a querer el bien para una persona y el amor de concupiscencia que es amor que hace desear lo que se ama; o sea, el que se tiene por las cosas buenas y el que se tiene por las cosas bellas y esta clasificación vale también para el odio, porque se odia lo malo y las cosas feas . El deseo es una agitación del alma producida por los espíritus, de manera que no solo se desea lo ausente sino que se desea también conservarlo.
 El deseo que tiende al bien va acompañado de amor, de esperanza y alegría mientras el deseo que tiende al mal va acompañado de odio, temor y tristeza. La alegría es la emoción de gozo por el bien de las impresiones que se producen en el cerebro. 
 La tristeza es la incomodidad del alma producida por el mal que registra el cerebro. La alegría es la creencia de poseer un bien y la tristeza es la creencia de tener un mal o un defecto. Cuando uno es saludable y el tiempo se mantiene sereno se sienten las impresiones que se producen en el cerebro como una alegría interior y la tristeza es el sentimiento contrario.
Las pasiones producen alteraciones en los órganos del cuerpo. Cuando el amor no va acompañado de alegría esperanza o tristeza fuertes, el latido del pulso es igual y mucho más fuerte que habitualmente y la digestión de los alimentos es más rápida, de modo que esta pasión es útil para la salud. El odio al contrario, produce un pulso desigual, más débil y más rápido, se pueden sentir escalofríos y el estómago se vuelve disfuncional. 
 El deseo es la pasión que agita el corazón con más violencia, provocando que los espíritus pasen a los músculos, se agudicen los sentidos y provea de mayor movilidad a todas las partes del cuerpo.





Bibliografía 
Eduardo Punset (12/2006). El alma está en el cerebro. Radiografía de la máquina de pensar (Tercera edición). ISBN 84-03-09737-9. Jonathan Haidt. La hipótesis de la felicidad. La búsqueda de verdades modernas en la sabiduría antigua. E. D. Gedisa. ISBN 84-9784-152-2. Eduardo Punset (02/2006). El viaje a la felicidad. Las nuevas claves científicas (Octava edición). E. D. Destino. ISBN 84-233-3777-4. 

Moralidad del Acto Humano

La afectividad humana

Sentimientos y Pasiones

El desear Humano


La persona humana en cuanto a sujeto de deseos y pasiones


“Amar es desear el bien a alguien” (Santo Tomás de Aquino)

Se trata de las pasiones, los sentimientos y los estados de ánimo que proceden de un estrato de nuestra psique que se encuentra por debajo del plano determinado por las acciones libres del yo.


Al hablar del significado de este estrato más profundo de la psique, no debemos olvidar que también tiene una dimensión horizontal, es decir, a través de él el hombre entra en comunicación, de algún modo con lo que le rodea (cosas, personas, e incluso Dios). Estos fenómenos expresan una característica exclusivamente humana del carácter relacional proprio de los seres personales. Para toda persona, “ser” es “ser-con”: la persona “co-es”, “co-existe”, en el

profundo sentido metafísico que tiene el “ser”2. 

No podemos pensar en la existencia de una sola persona en el universo (humana o divina).

Pasiones y vida moral

En sí mismas, las pasiones no son buenas ni malas. Sólo reciben calificación moral en la medida en que dependen de la razón y de la voluntad. Las pasiones se llaman voluntarias “o porque están ordenadas por la voluntad, o porque la voluntad no se opone a ellas” (Santo Tomás de Aquino). Pertenece a la perfección del bien moral o humano el que las pasiones estén reguladas por la razón (Santo Tomás de Aquino).


Alma y cuerpo

La persona humana es una totalidad unificada de cuerpo y espíritu (alma y cuerpo), condición a la que la antropología cristiana atribuye notable importancia

El cuerpo humano no es independiente del espíritu, como tampoco el espíritu humano es independiente del cuerpo mientras está vivificándolo. La dependencia es tan estrecha, que hasta la actividad humana más espiritual está de algún modo impregnada de la condición corpórea, así como el cuerpo está gobernado y finalizado por el espíritu.

El hecho de que el alma humana informe un cuerpo implica que el hombre posee las funciones propias de la vida vegetativa y sensitiva, además de las que son específicas de la vida racional.


Naturaleza y libertad

Incluso a nivel de las operaciones superiores humanas, el conocimiento intelectual y la voluntad, no todo responde a la iniciativa o la libre elección de la persona. En este nivel tenemos una síntesis de naturaleza y libertad, es decir, dos modos de actuar claramente diferentes. Esto no quiere decir que algunos actos concretos de la voluntad (algunas decisiones) sean necesarios mientras que otros son libres. Significa que la voluntad posee una naturaleza, en virtud de la cual –y por ello de modo necesario, anterior e independiente a cualquier acto del individuo– la voluntad posee una inclinación (natural) hacia el propio objeto formal. Como sabemos, Santo Tomás denomina a esta inclinación natural “voluntas ut natura”. Esta constituye el horizonte intencional básico del querer humano y la razón de su automovimiento, cuya presencia informa a nivel fundamental todos los actos concretos de la voluntad, que son siempre libres (“voluntas ut ratio”). Todo lo que se quiere libremente, se quiere porque la inteligencia descubre en ello una razón de bien, que puede ser auténtico o solo aparente.

El desear humano

El deseo o impulso es la forma en que se manifiestan las necesidades del hombre en su diálogo con el mundo. A cada necesidad corresponde un impulso, y viceversa. Los impulsos animales se refieren sustancialmente a las necesidades vitales (nutrición, reproducción, defensa). Las tendencias humanas tienen un campo mucho mayor (sociabilidad, necesidad de amar y ser amado, deseo de saber, religiosidad, etc.), que se amplía ulteriormente en el cristiano. Pero en los dos casos los deseos constituyen un principio de selección de los objetos significativos y, para la persona humana, un principio configurador del propio mundo. El mundo de cada uno es el resultado de los propios intereses, aunque se ha de añadir que el hombre, gracias a los procesos más elevados del pensamiento y de la voluntad, puede alcanzar un alto grado de objetividad en la comprensión de sí mismo y del mundo (en la práctica, sin embargo, no siempre consigue hacerlo). Esta dimensión “cognoscitiva” del deseo es muy importante también para la percepción del bien que, en la experiencia moral concreta, no es solo objeto de la inteligencia abstracta, sino que presupone condiciones personales y, en particular, una adecuada estabilidad emocional. La dimensión “cognoscitiva” del deseo es la base antropológica de la función cognoscitiva de las virtudes morales.

La fenomenología del desear humano

Las tendencias La psicología empírica emplea el concepto de tendencia para describir el dinamismo que ofrece las motivaciones de base a la conducta humana. Este concepto psicológico se encuentra en un nivel de reflexión diverso del que es propio de la metafísica; por eso una tendencia no es lo mismo que una inclinación natural tomista. No obstante, pensamos que ambos conceptos resultan complementarios y que las tendencias son la manifestación dinámica de las inclinaciones naturales humanas a nivel de la actividad psicológica.


Las tendencias tienen cuatro notas características

1) Son un reflejo psicológico de la ley vital de la comunicación entre la persona y el mundo. En la tendencia nuestras necesidades (las inclinaciones naturales) se manifiestan como un déficit acompañado de inquietud (hambre, sed, deseo de estimación, etc.) que deseamos superar a través de la acción.

2) Se experimentan como un movimiento que va desde el estado de necesidad del que se quiere salir hacia el estado futuro de satisfacción, percibido anticipadamente de un modo todavía oscuro y confuso, pero que la tendencia anticipa y sugiere.

3) Cada tendencia apunta hacia una meta. Si la tendencia se propone como un “buscar algo”, la meta es ese “algo” que se busca. Esa meta representa un valor, un bien en el sentido amplio del término, porque responde a una necesidad.

4) La tendencia tiene siempre el carácter de algo dado. No procede de una iniciativa del individuo, como no procede de una libre opción la necesidad.


No es difícil darse cuenta de que las tendencias, en su conjunto, miran al desarrollo y a la plena realización del hombre, y que tener un “mapa” de esas tendencias es lo mismo que tener un cuadro completo de los bienes humanos. Sin embargo, existen entre los psicólogos muchas divergencias acerca de los bienes concretos comprendidos en el desarrollo y la realización de la persona. Por eso proponen concepciones diversas sobre el número y la clasificación de las tendencias humanas.